Reparando el mal que hacemos (FVC2018)

I. INTRODUCCIÓN

El enemigo de las “RELACIONES ROTAS” es especialmente dañino, ya que nuestra vida descansa sobre nuestras relaciones, y si estas se dañan o se rompen, todos sufren y todo se deteriora.

II. EL MAL QUE HACEMOS

Hay dos maneras de hacer mal: cometiendo PECADOS y cometiendo FALTAS.

· Pecado es TODO aquello que nos separa de Dios y de su Plan.

· Falta es un defecto en el obrar y en el actuar que nos impide realizar las cosas de manera plena.

1. Las faltas de educación: Estas faltas molestan a los demás y pueden dañar nuestras relaciones. Tengamos en cuenta que, algunas veces, la falta de educación raya en la grosería lo que puede convertirla en pecado ya que estaríamos faltando al Mandamiento del Amor mutuo.

2. Las faltas de comunicación: Las maneras erróneas en la forma de comunicarse o la ausencia total de esta son la principal causa de incomprensión y conflicto entre los esposos, en la familia y en la Iglesia.

3. Otras faltas: Podríamos hablar de la falta de respeto, la falta de tacto, la falta de puntualidad, la falta de seriedad, los problemas en el manejo de los desacuerdos, etc., que ilustran el mal que podemos llegar a hacer con nuestras faltas y los daños que causan en nuestras relaciones con los demás.

Si no corregimos el pecado y las faltas que cometemos, las consecuencias para nuestra vida cristiana serán muy serias. No es cierto que el tiempo por sí sólo puede reparar el daño causado a las relaciones con Dios o con los demás. Necesitamos aprender a reparar el mal que hacemos con ellos.

III. LA SOLUCIÓN: ARREPENTIMIENTO Y RECONCILIACIÓN

La solución obvia es que dejemos de actuar mal, pero todos fallamos de vez en cuando. Por esto necesitamos saber la forma de REPARAR el mal que hacemos, lo que es tan importante como procurar no volver a pecar. Reparar las faltas es una forma de protegernos, porque si estas faltas quedan sin reparar, serán fuente de más pecado en el futuro.

A. El arrepentimiento: Es la decisión consciente de cambiar la forma de pensar y de actuar que ha sido la causa de nuestra falta o pecado. Pero también implica tomar otra ruta que te aleje de tu conducta equivocada. El cristiano se arrepiente verdaderamente cuando decide no cometer más ese pecado y, además, toma las medidas necesarias para vivir libre de ese pecado (Lc 15, 17-20).

B. La reconciliación: Es el PROCESO por medio del cual la persona responsable de una falta o pecado restaura las relaciones dañadas por su mala actuación.

Estas dos acciones: arrepentimiento y reconciliación, son la RESPUESTA de Dios al pecado y también son los MEDIOS que nos ayudan a reconstruir las relaciones dañadas y a reiniciarlas de manera sana, amorosa, estable y duradera.

IV. CUATRO ACTITUDES BÁSICAS

1. La objetividad

Es indispensable tener claro y aceptar que existen NORMAS OBJETIVAS para determinar lo que es correcto y lo que es incorrecto, unas normas que encontramos en la Sagrada Escritura y en la Doctrina y Moral de la Iglesia. Si un cristiano carece de normas objetivas para calificar sus acciones, va a ser muy difícil que pueda detectar el pecado y las faltas en su propia vida.

2. La responsabilidad personal

Para que una persona se arrepienta y se reconcilie necesita reconocer que él es personalmente responsable de su conducta. Tendemos a buscar la forma de culpar a otros o a las circunstancias de nuestros errores, y no a nosotros mismos. Desde una actitud responsable debemos preguntarnos: “¿Fue mala mi acción o no?”, “¿Causé daño a alguien?”, “¿Me equivoqué realmente?”

3. Un deseo de arrepentimiento

Debemos ver el arrepentimiento no como un acto de humillación sino como una oportunidad para crecer en HUMILDAD y en amor. Debemos aprovechar la oportunidad que Dios nos ofrece para renunciar a nuestra mala conducta y poder reconciliarnos efectivamente con Él y con los demás.

4. Acoger el amor de Dios

Para arrepentirse y reconciliarse el cristiano debe aceptar abiertamente el amor de Dios y comprender que Dios es Amor y que su misericordia es infinita. Debemos darnos cuenta de que no es necesario ser perfectos para que Dios nos ame (Lc 15, 7).

V. CÓMO REPARAR EL MAL QUE HACEMOS (PROCESO)

A. Sinceridad

El primer paso consiste en admitir sinceramente el mal cometido. La persona sincera es la que tiene sabiduría para darse cuenta de que hizo mal, y la disposición para admitir que es responsable de ello. En este primer paso ayuda mucho la actitud de objetividad y de responsabilidad personal por nuestros actos.

B. Renuncia

Renunciar de corazón a lo malo que se hizo o se está haciendo; decidir no consentirlo más y arrepentirse de haber desobedecido al Señor y haber dañado a otra persona. La renuncia a las faltas y al pecado debe ser abierta, verbal, específica y directa.

El verdadero arrepentimiento fija su atención en la persona a quien se dañó o en el Señor a quien se desobedeció y conduce a un deseo de reparar el daño y a evitar tales acciones en el futuro.

C. Pedir perdón

La persona arrepentida ha de reconciliarse con la ofendida. El primer paso para la reconciliación es pedir perdón. La persona debe acercarse a la persona que sufrió el daño y decirle: “Yo te hice esto (decir clara y específicamente la acción cometida). Reconozco que hice mal y te dañé. Me arrepiento sinceramente y te pido perdón”. La persona injuriada debe responder: “Si, yo te perdono”.

Evitemos las formas erróneas de pedir perdón que obstaculizan la verdadera reconciliación: huyamos de la ambigüedad, las justificaciones y el “emocionalismo”.

D. Reparación

El paso final en el arrepentimiento y la reconciliación, es reparar o restituir el daño ocasionado. Algunas veces la restitución es obvia, como devolver lo que no te pertenece. Otras veces no es tan sencillo y, entonces, la manera de comportarse con la persona ofendida debe demostrar que se está realmente arrepentido para que la reconciliación sea posible.

VI. CONCLUSIÓN

También podemos usar este proceso (sinceridad, renuncia, pedir perdón y reparación), para restaurar nuestra relación con Dios, ya que estos pasos están contenidos en lo que la Iglesia pide para el Sacramento de la Reconciliación: Examen de conciencia, Contrición de corazón, Propósito de enmienda, Confesión de boca, Penitencia y satisfacción de obras.

Cuando el arrepentimiento y la reconciliación se practican correctamente, nos abrimos a una gran paz personal y comunitaria. El arrepentimiento y la reconciliación sanan los recuerdos, arrancan de raíz los sentimientos de culpa, nos liberan de la desconfianza y la ansiedad, nos restaura en la confianza y en la paz.

Los cristianos seguiremos teniendo fallos y cometiendo errores, pero éstos no causarán mayores daños si aprendemos a remediarlos con prontitud y sabiduría, por medio del arrepentimiento y la reconciliación.

(Reunión: 21 de junio de 2018)


Fuente: La Palabra de Dios (Ann Arbor, Michigan)