4. ¿Por qué murió Jesús en una cruz?

¿HAY BUENAS NOTICIAS PARA NOSOTROS?

Dios nos demostró su gran amor al enviar a su Hijo único a morir por nosotros (Juan 3:16 y Romanos 5:8). ¿Por qué es tan importante para mí y para toda la humanidad la muerte de Jesús y qué tiene que ver conmigo?

Si somos sinceros, deberíamos admitir que en algún momento todos hacemos cosas que sabemos que están mal. Al ignorar a Dios y optar por lo que no es correcto, obtenemos como resultado el quedar separados de Él (Isaías 59:2). La Biblia nos dice que todos somos pecadores (Romanos 3:23) y que la paga del pecado es la muerte (Romanos 6:23), pero no se trata únicamente de muerte física sino también espiritual, que conlleva una separación eterna de Dios.

Jesús dijo que la razón por la cual vino a este mundo fue para morir por nosotros (Marcos 10:45). Por amor a nosotros, Él quiso morir en nuestro lugar (2 Corintios 5:21 y Gálatas 3:13) y así, por su sangre derramada en la cruz cargó nuestros pecados (1 Pedro 2:24) y nos rescató de la muerte para darnos la libertad. Nuestro acceso a Dios queda restablecido, y esa barrera que nuestros pecados han levantado entre nosotros y Él puede ser derribada por lo que Cristo ha hecho por nosotros. Cuando dudes del amor de Dios, tan solo mira la cruz (Juan 15:13).

¿Qué debemos hacer?

La Biblia nos deja ver claramente que hay algo que tenemos que hacer para aceptar el don de Dios. Consiste en creer en Dios y en acoger todo lo que Él ha hecho por nosotros, depositando nuestra confianza en su gran amor.

Mensaje de esperanza41

Dice Jesús: “Yo soy el camino, la verdad y la vida. Nadie va al Padre sino por mí” (Juan 14:6). Debemos aceptar y reconocer que Cristo es el único que nos puede salvar (Hechos 4:12), tomando la decisión de seguirle y de vivir conforme al proyecto de Dios (Deuteronomio 30:19-20). Esto implica pedirle perdón por todo lo que hemos hecho mal y renunciar a todo lo que no es acorde a la voluntad de Dios (Marcos 1:15).

La fe cristiana no es una aceptación intelectual de ciertas verdades, sino una relación de amor y confianza que va creciendo día a día. Cuando abrimos nuestro corazón a Jesús, le recibimos y le invitamos a formar parte de nuestra vida, nos convertimos en hijos de Dios y en criaturas nuevas (Juan 1:12 y 2 Corintios 5:17). Nuestro Padre celestial quiere que tengamos una relación cercana con Él por medio de la oración y de la escucha de su Palabra, de manera que esta relación se vaya afianzando más cada día. La lectura diaria de la Biblia nos ayuda a hablar con Dios y a escucharle en todos los acontecimientos de nuestra vida. La adoración, la confesión, la acción de gracias y la súplica serán de gran ayuda para nosotros.