Nuestra vocación humana

1. La persona completa

Para conocer bien nuestra vocación humana, necesitamos conocer nuestra naturaleza, nuestras necesidades más profundas y nuestro equipamiento de serie/dones de nacimiento. Esto nos permitirá renovarnos de manera constante y equilibrar nuestra vida para vivir un liderazgo vital que funcione y que perdure en el tiempo.

Nuestra naturaleza

1.     La dimensión física (cuerpo)

2.     La dimensión mental (mente)

3.     La dimensión social/emocional (corazón)

4.     La dimensión espiritual (espíritu)

Todos necesitamos una renovación constante y equilibrada en las 4 dimensiones de nuestra naturaleza, ya que descubrimos que somos una unidad (la salud física afecta a la salud mental, la fuerza espiritual afecta a la fuerza social/emocional, etc.). Esta renovación es el principio y también el proceso que nos permite un cambio y crecimiento continuo.

Nuestras necesidades más profundas

1.     Vivir

2.     Aprender

3.     Amar

4.     Dejar un legado

Nuestro equipamiento de serie (dones de nacimiento)

1.     Libertad

Es nuestra facultad natural de elegir y actuar de una manera u otra, y se trata de nuestro mayor don después de la vida misma.

2.     Inteligencia

Es la capacidad de entender y comprender lo bueno y lo malo, lo conveniente y lo inconveniente, lo que nos engrandece y lo que nos empequeñece, lo que nos hace felices y lo que nos hace desgraciados. Es importante entender la diferencia entre alguien inteligente y alguien que es intelectual: intelectual es el que aprende algo que otros le enseñan, inteligente es el que mediante la reflexión sabe lo que él mismo descubre.

3.     Voluntad

Es la facultad de decidir y realizar lo que la inteligencia me muestra como bueno, conveniente, engrandecedor y portador de felicidad. Y rechazar lo que me muestra como malo, inconveniente, empequeñecedor y portador de infelicidad.

4.     Valores

El ser humano es también superior a los demás seres creados porque lleva en su interior una serie de valores, aquello que sentimos con más fuerza y que orienta nuestra conducta. Nuestros valores deben estar basados en principios o leyes naturales y no en la cultura predominante que se centra en remedios rápidos.

 

2. ¿Por qué fracasamos?

Todas las personas queremos tener éxito de una forma u otra y deseamos ser felices. Sin embargo, se puede tener éxito en muchas cosas y fracasar en la vida; se puede triunfar en todo y no ser felices. Hay tres aspectos que motivan que no vivamos la felicidad que estamos llamados a descubrir:

La inconsciencia

Son inconscientes los que no han descubierto ni quiénes son, ni qué quieren ser, ni para qué hacen lo que hacen. Los que se conforman con existir o sobrevivir sin plantearse nada más, los que acumulan solo por tener y los que estudian solo para saber.

La insinceridad

La falta de sinceridad con nosotros mismos, con los demás y con Dios nos impide también ser felices en la vida.

La insensatez

Somos insensatos cuando falta en nuestra vida una verdadera escala de valores. Normalmente, lo urgente no nos deja hacer lo importante.

 

3. ¿Quién soy yo?

Necesitamos redescubrir nuestra identidad para vivir la vocación humana a cabalidad. Soy hijo de Dios y he sido creado a su imagen y semejanza, con un propósito que me hace vivir una vida plena y llena de sentido. Mi inteligencia, voluntad y libertad son el fundamento sólido que me ayudarán a edificar mi vida con garantía.

“Este es mi Hijo amado, en quien me complazco.” (Mateo 3:17)

“Este es mi Hijo, el amado, en quien me complazco.” (Mateo 17:5)

El primer mandamiento no es amar, es dejarse amar. El mismo Jesús escuchó estas palabras en el momento de su bautismo en el Jordán y en el Tabor, antes de subir al Calvario. Se sabía amado por el Padre y esto fue lo que le mantuvo en la misión que le había sido encomendada.

El fracaso del ser humano es no amar; aquí está la raíz de todos los demás males. Nadie que no haya sido amado de verdad, es capaz de amar de verdad. Debemos dejarnos amar por Aquel que nos ama de verdad:

“Me amó y se entregó por mí.” (Gálatas 2:20)

Todo cambia cuando descubrimos que somos amados, cuando tenemos la certeza de ser amados; haya hecho lo que haya hecho, haya sucedido lo que haya sucedido, me hayan querido o me hayan maltratado. ¡Soy amado!

Mucha gente se sorprende al oír esto y reaccionan diciendo que solo habían escuchado acerca de un dios cruel que te está mirando con el dedo levantado, un dios indiferente a lo que tú le cuentas, un dios lejano, un dios concepto, antipático, ausente e impasible. Es mejor hacerse ateo de este dios porque este dios no existe.

El Dios de Jesucristo es amor, es bueno, es esclavo; te lava los pies. Es misericordioso, llora por ti, se alegra contigo. Es un Dios que respeta tu libertad, porque así te ha creado, que desea lo mejor para ti. Este es Dios y no se trata de religión, se trata de salvación y de una vida nueva que es para ti, aquí y ahora.

 

4. Conclusión

Reconocer que somos responsables de nuestras elecciones y que podemos elegir, no en base a nuestro estado de ánimo o condicionamientos, sino en base a nuestras decisiones y compromisos, nos hace vivir en vez de sobrevivir.

Y eso siempre supone dejar atrás la mediocridad de una vida de conformismo o el determinismo de una vida de reacción, para ser plenamente responsables de nuestra propia vida. Normalmente lo que nos hace daño no es lo que nos sucede, sino nuestra respuesta a eso que nos sucede.

Las personas que viven la vida que deciden vivir constituyen los motores del cambio en nuestra sociedad, ya que han optado por no ser víctimas y no culpar a los demás (abuelos, padres, mujer, hijos, jefe, economía, política). Es verdad que la genética, el ambiente o la cultura (sentimientos y circunstancias) nos pueden afectar de alguna manera, pero no nos pueden determinar.