Luz de las naciones

Si nos detenemos en el famoso texto bíblico en el que nos encontramos a Jesús echando a los cambistas del Templo de Jerusalén, descubrimos que aquella “ira santa” del Señor no se debía a que estuvieran haciendo negocios en un lugar sagrado. Jesús realizó aquel sorprendente signo porque vio un pueblo que se había olvidado de su vocación; habían impedido a los gentiles su inserción en la alianza de Dios y habían decidido que era suficiente con tenerlo para ellos mismos.

Se habían conformado y estaban satisfechos con su statu quo, olvidando su propósito universal y su identidad como pueblo de Dios que tantas veces tuvo que ser recordada por los profetas:

“Es poco que seas mi siervo para restablecer las tribus de Jacob y traer de vuelta a los supervivientes de Israel. Te hago luz de las naciones, para que mi salvación alcance hasta el confín de la tierra.” (Isaías 49,6)

Es curioso, pero este mismo texto del profeta Isaías fue recordado por Pablo y Bernabé entre los primeros cristianos para subrayar y recordar la verdadera naturaleza de la misión que le ha sido encomendada a la Iglesia de Jesucristo (Hechos 13,47).

Considero que hoy, como entonces, necesitamos tomar conciencia de nuestra identidad como creyentes y miembros del Cuerpo de Cristo. No podemos conformarnos con una pastoral de mera conservación, como dice el papa Francisco, sino que debemos apostar por una pastoral decididamente misionera. No podemos quedarnos lamentando la pérdida generalizada de la fe o de vocaciones en la Iglesia, sino que debemos tomar los remos y remar mar adentro para buscar a los alejados.

Somos responsables de que la luz que nosotros hemos recibido y que ha cambiado nuestras vidas, llegue a todas las personas y alcance hasta los confines de la tierra. Nunca olvidemos nuestra verdadera identidad como cristianos: somos luz del mundo y sal de la tierra (Mateo 5,13-16). Que la luz y la alegría que brillaron como nunca en Navidad, nos impulsen a contagiar el amor de Dios a todos los hombres y mujeres de esta generación.

Fuente: Onofre Sousa