Las tres conversiones

1. Conversión a Cristo

Es la puerta de entrada a la vida de fe y supone el encuentro personal con una Persona. Encontrarse con Cristo supone conocerle, conocerle supone amarle y amarle supone seguirle.

Lo que les anunciamos a las personas en primer lugar no es que amen a Dios, sino que se dejen amar por Él. Dios ha tomado la iniciativa y sale a nuestro encuentro porque nos ama y desea encontrarnos para que vivamos en una relación vital con Él.

Si no nos encontramos con Él y no le conocemos, nunca podremos hablar de Él a los demás como verdaderos testigos. No es lo mismo ser reporteros que hablan de oídas que ser testigos que hablan de lo que han conocido de primera mano.

2. Conversión en su Iglesia

La vida en Cristo, la vida cristiana, en su esencia es comunitaria y esto se hace posible en la Iglesia de Jesucristo, el Cuerpo de Cristo. No existen cristianos por libre, ya que equivaldría a no serlo de manera auténtica y verdadera. En la Iglesia se expresa, se vive y se alimenta nuestra identidad de hijos de Dios, hermanos en Cristo.

La conversión cristiana supone el paso del individualismo a la comunidad, de la independencia a la interdependencia, del aislamiento y el anonimato a la fraternidad en Cristo.

3. Conversión para su Causa

Cuando vivimos nuestra conversión a Cristo en su Iglesia, descubrimos una nueva pasión en nuestras vidas: pasión por la causa de Dios (cf. Salmos 74:22). Lo que ahora nos mueve de verdad es buscar realizar siempre la causa de Dios; es decir, hacer posible que su Palabra siga creciendo y se multiplique (cf. Hechos 12:24) a pesar de la oposición (cf. Hechos 13:5-12).

La Iglesia y cada uno de los creyentes debemos trabajar con propósito y con sabiduría por la causa de Dios, de manera que su amor y su salvación alcance hasta los confines de la tierra.

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