La Carne (FVC2018)

I. INTRODUCCIÓN

A diferencia del mundo, cuya influencia se ejerce sobre nosotros desde afuera, en esta charla vamos a hablar de otro enemigo del cristiano que opera dentro de nosotros mismos y que nos mueve a hacer lo contrario de lo que Dios quiere: LA CARNE.

II. ¿QUÉ ES LA CARNE?

Su verdadero significado se ha desvirtuado o perdido a través de los tiempos y se tiene la idea de que la carne como enemigo del cristiano es el cuerpo humano o la naturaleza humana, es decir, los deseos, las emociones, etc. Esto es un error. Ni el cuerpo ni la naturaleza humana son malos en sí mismos (Gén 1,31). Lo que pasa es que nuestra naturaleza está ahora caída a causa del pecado.

El cuerpo, las emociones y los deseos -incluidos los deseos sexuales-, no son en sí mismos la Carne, aunque con frecuencia puedan expresar las desordenadas tendencias de la Carne. La Carne es la ley del pecado que llevamos dentro de nosotros y que hace que nuestra naturaleza humana sea pecadora, débil y frágil, y por eso decimos que está caída.

III. FRUTOS DE LA CARNE

Podemos ver cómo se manifiesta y los frutos que produce en Gal 5,19-21. Pero fijémonos en que:

A. no dice que todas estas cosas son la Carne; lo que dice es que todas ellas son obras de la Carne, es decir, lo que la Carne produce.

B. lo que Pablo ha hecho es una lista corta de pecados sexuales, sociales y espirituales. Todos ellos son pecados graves que podríamos reconocer con relativa facilidad en nosotros mismos.

C. la lista está incompleta, ya que nos dice “…y cosas por el estilo”.

Hay también una serie de pecados que son tan pequeños que casi nadie se percata ni se arrepiente de ellos. Nosotros los hemos llamado los “Pecados Polilla”. Lo peor de todo es que nos damos cuenta del daño que han hecho cuando ya es demasiado tarde.

El poder identificar los frutos de la Carne en mi persona es la parte más importante en la preparación que todos debemos hacer antes de iniciar la batalla contra este enemigo.

IV. ¿CÓMO ACTÚA EN REALIDAD LA CARNE?

La carne es como el poso en el fondo de un vaso de agua clara. Si alguna perturbación externa hace que el vaso se agite, entonces, toda el agua se enturbia. Eso es exactamente lo que nos pasa a nosotros, algo externo como un suceso, una persona, una circunstancia, agita nuestro vaso y la vida se nos enturbia y nos hace perder la paz.

La verdadera causa de que el agua se enturbie es el poso que está dentro del vaso, dentro de nosotros, que no es más que la Carne o el pecado que llevamos dentro.

V. ¿CÓMO VENCER SOBRE LA CARNE?

Siguiendo con la imagen del vaso y el poso, la solución NO está en controlar la agitación del vaso ni en rehuir las circunstancias que pueden “remover el fondo”. La solución consiste en aprovechar las circunstancias en que se enturbia nuestra vida para identificar el poso y poder sacarlo fuera del vaso.

Otro método para enfrentar y vencer sobre la Carne, el único que nos garantiza una victoria segura, consiste en echarle agua limpia y pura al vaso para que el poso salga. Cuanta más agua le echemos, menos poso quedará que enturbie el vaso de nuestra vida (Rom 8,1-6).

Lo que tenemos que hacer es dejar que sea Dios mismo quien nos llene una y otra vez con su Gracia, por el poder y la acción renovadora del Espíritu Santo, y que de esa manera vaya saliendo el poso de nuestra vida. Esto significa llenarnos una y otra vez de Dios, de su Gracia y su Poder, de las verdades y valores que Él pone en nuestro corazón. El camino para esto es la oración personal, la lectura y meditación de la Palabra de Dios y los Sacramentos.

La transformación del hombre carnal en el hombre espiritual no puede realizarse por nuestro propio esfuerzo. Pero el Espíritu Santo sí tiene el poder para romper las ataduras de la Carne y liberarnos de su dominio.

VI. ¿CÓMO ABRIRNOS A LA ACCIÓN DEL ESPÍRITU SANTO?

A. Tener a Jesús como Señor

La razón por la que muchos cristianos no experimentamos el poder transformador de Dios en nuestras vidas, es porque simplemente no deseamos cambiar. Necesitamos reconocer y admitir en qué áreas de nuestra vida la Carne reina y nos domina, y entonces, arrepentirnos de corazón pidiendo a Jesús que sea el Señor en cada una de ellas. En la misma medida que vamos permitiendo que Jesús reine en cada área de nuestra vida, el Espíritu Santo irá realizando la obra transformadora con su Poder.

B. Fe expectante

A la vez que vamos permitiendo que Jesús sea el Señor en nuestras vidas, necesitamos tener la fe expectante de que Dios nos transformará por medio del Espíritu Santo. La única manera de crecer en esta fe expectante es actuando sobre las promesas del Señor, confiando plenamente en Él, porque Él es fiel y verdadero. Entonces, y sólo entonces, comenzaremos a ver los primeros frutos y a ser testigos del cumplimiento de sus promesas.

C. Los resentimientos

Otra manera efectiva que ayuda a facilitar la obra del Espíritu Santo en nuestras vidas, es el deshacernos de todos los resentimientos que tenemos en contra de otras personas.

El resentimiento es un fruto de la Carne que nos lleva a la amargura, la auto-conmiseración, el rechazo, la hostilidad y hasta el odio hacia las demás personas. Debemos desterrarlo de nuestro corazón.

Es necesario hacer una lista de estas personas que nos ofendieron en algún momento de nuestra vida y contra los que, consciente o inconscientemente, guardamos resentimientos, y en oración ante el Señor, debemos perdonarlos de corazón pidiendo al Espíritu Santo que nos sane del dolor de las heridas recibidas. Si Dios nos pide perdonar es porque podemos hacerlo y porque es para nuestro propio bien.

D. La Iglesia

La Comunidad Cristiana, a través de las relaciones sanas y fraternas entre sus miembros, es un ambiente ideal que facilita la labor del Espíritu Santo para librarnos de nuestros temores, inseguridades, desconfianza, complejos y muchos otros frutos de la Carne.

E. Caminar en la Luz

El que vive en la mentira, vive en la oscuridad. Pero Dios es luz y nosotros debemos caminar en la luz, es decir, en la verdad. Debemos arrepentirnos y erradicar de nosotros la mentira en todas sus formas, si queremos colaborar activamente con el Espíritu Santo en su obra transformadora (Col 3,9-10).

F. Paciencia

Debemos tener confianza de que Dios nos cambiará finalmente, pero unas cosas las hará inmediatamente y otras más tarde, y siempre en la medida que nos abramos y le permitamos obrar en nosotros.

Recordemos siempre que es el Espíritu Santo el que hará el cambio y no mi propia voluntad humana, por tanto, el tiempo tiene que ser el de Dios y no el del hombre. Dios mismo ha tomado la iniciativa y es promesa suya este cambio del hombre carnal hacia el hombre espiritual, y debemos tener la fe expectante de que Él cumplirá su promesa en nosotros y completará su obra (1 Tes 5,23-24).

(Reunión: 24 de mayo de 2018)


Fuente: La Palabra de Dios (Ann Arbor, Michigan)