Idealismo, compromiso y entrega

Nunca en la historia se ha visto que las grandes obras que Dios ha llevado a cabo en la Iglesia y por medio de ella, se llevaran a cabo con instrumentos que no presentaran altas dosis de idealismo. Nosotros necesitamos también apelar a este tipo de idealismo con gran audacia, conforme al requerimiento de estos tiempos que nos toca vivir.

Se suele decir que cuando se les pide poco a las personas se obtiene poco, pero si se les pide mucho van a responder de manera heroica. Cuando se requieren grandes sacrificios en algo que merece la pena, las personas responderán y esta actitud de sacrificio estará presente de forma casi natural en el actuar diario.

Decía el ex comunista convertido al cristianismo en la Iglesia católica, Douglas Hyde, que cuanto más materialista es una sociedad, tanto más sobresale el que se compromete. Las personas que se comprometen resultan más atractivas justamente por su capacidad de compromiso. Nosotros buscamos el compromiso con la renovación en la Iglesia y la evangelización del mundo. Deseamos que otros se sientan atraídos por este compromiso y sean también portadores de un idealismo latente que les de la capacidad de comprometerse.

Hoy necesitamos que esta sea la pauta de cuanto somos y hacemos, de manera que los que vengan después de nosotros sigan nuestro ejemplo y descubran el patrón que les indique el tipo de compromiso que se requiere para hacer la diferencia. Además, siempre se ha afirmado que aquellos que están comprometidos con una causa son más felices que los que no lo están.

Entrega y dedicación

Cuando las personas tenemos una razón para vivir y nos entregamos con dedicación sincera, se libera nuestro talento. Necesitamos sembrar esa capacidad de sacrificio para tener creyentes que se entregan en cuerpo y alma a la causa del Evangelio. Un cristiano comprometido de corazón es un líder en potencia que abrirá brecha y será de inspiración para muchos otros.

La entrega y la dedicación en una persona nos están indicando que esa persona cree que el cambio es necesario y posible. Cuando no esperamos nada o simplemente no creemos que nada pueda cambiar sustancialmente, perdemos el interés y nuestro compromiso deja de tener sentido. Los cristianos de los Hechos de los Apóstoles estaban convencidos de que la pequeña minoría de la que formaban parte podía cambiar el mundo (Hechos 17:6). Sus vidas estaban llenas de una fuerza activa tan poderosa que hacían cosas que sería imposible de otra manera. Una fe al rojo vivo y un horizonte lleno de sentido les decía que la vida tiene un propósito por el que merece la pena vivirla en plenitud.

¿Por qué hay credos que muchas personas están dispuestas a vocear desde las azoteas, mientras que los cristianos parece que lo hacen en voz baja y atemorizados? ¿Por qué preferimos continuar en la comodidad de una pastoral de la campana en vez de pasar de una vez a una pastoral del timbre decididamente misionera? Creo que la respuesta tiene mucho que ver con la entrega y la dedicación, ya que el número de creyentes que no son miembros activos continúa creciendo. Un modelo de Iglesia que genera consumidores pasivos y no genera discípulos provoca el aumento de un cristianismo minimalista.

Nosotros apostamos por creyentes que sepan que su vida ya no va a ser la misma, porque hayan visto en acción y se sientan atraídos al comprobar que existen cristianos “a tiempo completo” dispuestos a cambiar la historia una vez más.

Hasta el final

La imagen de este artículo en la que vemos un par de pies calzados y preparados con un par de buenas botas de montaña, nos recuerda dos cosas importantes que forman parte de nuestra vocación:

  1. “¡Qué hermosos los pies de los que anuncian la Buena Noticia!” (Romanos 10:15).
  2. Somos “montañeros y escaladores” que han sido llamados a llegar hasta la cima, hasta el final; no podemos detenernos ni acampar a mitad de camino.

En nuestra vida de cada día corremos el riesgo de quedarnos con lo bueno y perdernos lo mejor. Nos detenemos en la zona de comodidad donde nos sentimos confortables y ya no avanzamos. Así es como puede comenzar a gestarse la mediocridad en la vida de un cristiano, cuando ya estamos satisfechos y nos sentimos seguros.

Nosotros no podemos permitirnos el lujo de quedarnos a mitad de camino y siempre queremos dar más de lo que se espera de nosotros como discípulos misioneros. Debemos caminar una milla extra, como nos pide el mismo Señor (cf. Mateo 5:41), aunque nadie lo vea ni lo advierta, porque Dios sí lo ve. Únicamente haremos la diferencia en el momento en que estemos dispuestos a dar más de lo que se espera de nosotros.

Un predicador decía que construyes auténtica lealtad con los demás cuando das algo extra, cuando estás dispuesto a entregar más de lo que se espera de ti. No resulta fácil porque vivimos en un mundo en el que normalmente damos algo a cambio de recibir algo (unos estudios por un título, unas horas de trabajo por un sueldo, un esfuerzo por una recompensa, un servicio por un agradecimiento o reconocimiento, etc.).

Todas las grandes puertas giran sobre pequeñas visagras; por eso, no podemos rendirnos ni quedarnos a mitad de camino. Los verdaderos líderes que cambian el mundo son aquellos que están dispuestos a hacer más de lo que se espera de ellos. ¡Siempre más! Queremos apuntar a la cumbre y llegar hasta la cima sin detenernos por el camino. Somos escaladores que tienen los pies bien calzados “con la prontitud para el Evangelio de la paz” (Efesios 6:15).

¡Vamos hasta el final! ¿Te animas a caminar con nosotros?