¿Hay leyendas negras de la Iglesia?

Detrás de los ataques a la Iglesia nos encontramos, en primer lugar, con el mal que hay en el corazón humano a causa del pecado y que en ocasiones puede llevarnos a odiar todo lo que viene de Dios. En segundo lugar, la ignorancia, la falta de formación y el haber creído cierta información sin haberla hecho pasar previamente por el sano filtro de la razón o contrastándola con datos alternativos de otras fuentes más fiables y documentadas.

Hay que tener en cuenta que a Jesús le persiguieron y condenaron por decir únicamente la verdad; se le odiaba por poner el amor por encima de las leyes, de lo políticamente correcto y de la mera apariencia. Sus primeros seguidores no corrieron mejor suerte; los apóstoles acabaron sus días en el martirio, al igual que incontables cristianos que fueron perseguidos, en ocasiones torturados y finalmente ejecutados por no querer negar a Jesucristo. Los que sufrieron persecución siempre fueron los mismos, los cristianos; pero los perseguidores han ido cambiando a lo largo de la historia: algunos grupos judíos, el Imperio Romano, los pueblos bárbaros, la dominación islámica, la Revolución Francesa, ciertos filósofos y pensadores, la Masonería y el gnosticismo, las sectas, el yihadismo, etc.

El reconocido escritor y periodista italiano, Vittorio Messori, recoge en uno de sus libros la encomienda que le hace uno de los intelectuales más prestigiosos de Europa y profesor de Historia y Sociología, Léo Moulin, que consiste en repetir a los creyentes uno de sus principios, madurado a lo largo de una vida de estudio y experiencia:

“Haced caso a este viejo incrédulo que sabe lo que se dice: la obra maestra de la propaganda anticristiana es haber logrado crear en los cristianos, sobre todo en los católicos, una mala conciencia, infundiéndoles inquietud, cuando no la vergüenza, por su propia historia. A fuerza de insistir, desde la Reforma hasta nuestros días, han conseguido convenceros de que sois los responsables de todos o casi todos los males del mundo. […] No ha habido problema, error o sufrimiento histórico que no se os haya imputado. Y vosotros, casi siempre ignorantes de vuestro pasado, habéis acabado por creerlo, hasta el punto de respaldarlos. En cambio yo (agnóstico, pero también un historiador que trata de ser objetivo) os digo que debéis reaccionar en nombre de la verdad. […]”

“Es necesario que nos demos cuenta de una vez del cúmulo de opiniones arbitrarias, deformaciones sustanciales y auténticas mentiras que gravitan sobre todo lo que históricamente concierne a la Iglesia”, afirma el arzobispo de Bolonia, Giacomo Biffi. Porque se ama mejor cuando se conoce más, resulta necesario formarse bien y profundizar en aquello que es importante para saber dar razón de nuestra esperanza (1 Pedro 3:15).

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