Fe y Conversión (kerygma2017)

Fe y conversión: Decisión y voluntad

Cristo nos dice:

“Yo soy el camino, la verdad y la vida. Nadie puede llegar al Padre si no es por mí.” (Juan 14:6)

Sólo Él, cuando le seguimos, puede llevarnos a una Vida Nueva. Hacerse cristiano marca el inicio de una nueva vida, donde tendremos la relación más apasionante de todas, nuestra relación con Dios.

San Pablo escribió a los cristianos de Corinto que cuando alguien se convierte a Cristo, se transforma en una nueva criatura. Ya no son los mismos, su antigua vida ya pasó, y una nueva vida ha comenzado (cf. 2 Corintios 5:17).

Ser cristiano es ser de Cristo. Un cristiano es alguien que sigue a Cristo, alguien que tiene una relación personal con Dios por medio de su Hijo. Como escribe San Juan: “A cuantos lo recibieron, a los que creen en su nombre, les concedió llegar a ser hijos de Dios” (Juan 1:12).

San Juan también nos dice: “A vosotros, los que creéis en el Hijo de Dios, os he escrito para haceros saber que poseéis la vida eterna” (1 Juan 5:13).

Nosotros confiamos en las promesas que nos hace el Padre en su Palabra, en el sacrificio del Hijo por nosotros en la cruz y en el testimonio del Espíritu Santo en nuestros corazones.

Todo empieza con el amor que Dios nos tiene porque “Tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Hijo único, para que todo el que cree en Él no se pierda, sino que tenga vida eterna” (Juan 3:16).

La predicación inaugural de Jesús, que encontramos en Marcos 1:15, dice:

“El tiempo se ha cumplido y ya está cerca el Reino de Dios. Convertíos y creed en la buena noticia.”

Conversión: Supone cambio de dirección y de rumbo; antes el centro era yo y al convertirme el centro es Cristo. También supone arrepentimiento, dejar todo lo que es malo, todo lo que estropea nuestra vida.

Fe: “La fe es el fundamento de lo que se espera y la prueba de lo que no se ve” (Hebreos 11:1). Fe es creer, confiar y depender. No es simplemente un ejercicio intelectual; implica un paso decidido a través del cual ponemos nuestra confianza en Jesús; implica decisión y voluntad.

Por fe, Abrahán dejó su casa, su tierra y, junto a su esposa, cogió todas sus cosas y se puso en marcha, hacia una tierra que no conocía, con una tienda de campaña como casa. Dios le había dicho: Sal de tu tierra, ve al lugar que luego te mostraré, de tus descendientes voy a formar una gran nación, engrandeceré tu nombre y, serás de bendición para otros.

Por fe, Pedro a pesar del miedo saltó al agua, confió en Cristo cuando le dijo VEN. Porque confió, sintió la seguridad. La fe en Jesús, en su amor, echa fuera el temor (Mateo 14:22-33).

La fe nos pone en movimiento, cuando ponemos a Jesús en el centro de nuestra vida.

Confiamos en las promesas:

  • Apocalipsis 3:20 “Si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré”
  • Mateo 28:20: “Yo estaré con vosotros todos los días”

El Espíritu Santo puede y quiere entrar en tu vida. Y, ¿qué ocurre cuando entra? ¡Qué empieza a transformarnos! Producirá en nosotros sus frutos (Gálatas 5:22-23).

Nuestra parte es: fe y conversión, decisión y voluntad.

(Reunión: 23 de febrero de 2017)


Otros textos bíblicos:

  • Efesios 2:8-9
  • Romanos 5:1-2
  • Romanos 10:9-10
  • Hechos 2:38-39
  • Ezequiel 36:26
  • Gálatas 3:14

Preguntas para el diálogo:

  • ¿Te consideras de Cristo? ¿Cómo ha sido tu proceso de conversión hasta este momento?
  • ¿Dónde se apoya tu fe?
  • ¿Cuál es tu respuesta a todo lo que Dios te ofrece?