Escuchar tu Palabra (10/2016)

“Oíd, sedientos todos, acudid por agua […] Escuchadme atentos y comeréis bien […] Inclinad vuestro oído, venid a mí: escuchadme y viviréis.” (Isaías 55:1-3)

“Ojalá escuchéis hoy su voz: no endurezcáis vuestro corazón.” (Salmo 95:7-8)

“Cuando encontraba palabras tuyas, las devoraba; tus palabras eran mi delicia, la alegría de mi corazón.” (Jeremías 15:16)

“Se seca la hierba, se marchita la flor, pero la palabra de nuestro Dios permanece para siempre.” (Isaías 40:8)

“Lámpara es tu palabra para mis pasos, luz en mi sendero.” (Salmo 119:105)

“La palabra de Dios es viva y eficaz.” (Hebreos 4:12)

Recordamos hoy a los discípulos de Emaús que, tras descubrir que era el mismo Jesús quien caminaba con ellos, tuvieron una honda experiencia con la Palabra de Dios: “¿No ardía nuestro corazón mientras nos hablaba por el camino y nos explicaba las Escrituras?” (Lucas 24:32).

En la Biblia encontramos y descubrimos la Palabra de Dios escrita. Ahí Dios nos está esperando para hablarnos en el camino de nuestra vida. Él desea revelarnos su amor para que le vayamos conociendo cada día más y mejor. La Biblia es la mayor carta de amor jamás escrita para toda la humanidad, para cada uno de nosotros de manera personal.

La palabra Biblia viene del griego biblos, que significa “libros”. Se trata de una pequeña gran biblioteca, un conjunto de libros que se encuentran distribuidos en dos grandes grupos: el Antiguo Testamento y el Nuevo Testamento. Lo forman un total de 73 libros, entre los 46 del Antiguo y los 27 del Nuevo.

La Biblia nos va guiando a través de la historia de la salvación y en ella podemos encontrar cuatro grandes etapas:

  1. Desde Abraham y los patriarcas hasta el rey David, con el hecho central de Moisés y el Éxodo (1900 a.C. – 1000 a.C.)
  2. Desde el primer Templo y los profetas hasta el segundo Templo, con el hecho central del exilio en Babilonia (1000 a.C. – 0)
  3. Jesucristo y los apóstoles, con el hecho central de la Resurrección como la gran Pascua (0 – 50 d.C.)
  4. La Iglesia y la primera evangelización (50 d.C. – 100 d.C.)

Los cristianos amamos la Biblia porque es Palabra de Dios; sin embargo, el cristianismo no es la “religión del libro”. El libro o la palabra escrita no está en el centro de la fe cristiana, sino Jesucristo como el Verbo de Dios que “se hizo carne y habitó entre nosotros” (Juan 1:14).

La Revelación de Dios a los hombres, que encuentra su plenitud en Cristo, no ha sido transmitida únicamente a través de la Biblia, la Palabra de Dios escrita, sino también por medio de lo que se conoce como la Tradición viva. Por tanto, “es la Iglesia del Dios vivo, columna y fundamento de la verdad” (1 Timoteo 3:15). La Revelación plena ha sido confiada desde el inicio a la Iglesia de Jesucristo, pertenece a la Iglesia y a ella le corresponde el derecho y el deber de su interpretación como fundamento de la verdad (Efesios 2:22-23; 3:10).

(Reunión: 27 de octubre de 2016)