El libro de Jonás

Jonás es el “profeta del Dios sorprendente”, de un Dios cuya lógica está en las antípodas de la mezquindad humana. Jonás piensa como los hombres, no como Dios: ¿predicar la conversión en Nínive, eterno enemigo? A medida que leemos su libro vamos comprobando que la predicación de Jonás no va realmente dirigida a los paganos, sino a los propios israelitas.

Y así, Jonás es presentado como un antiprofeta, nada parecido a los profetas clásicos: huidizo, testarudo, impertinente, quejoso, cicatero hasta en su misma predicación, consistente en unas exiguas siete palabras. Dios le envía al este y él escapa hacia el oeste. Reza al Dios “bondadoso, compasivo, paciente y misericordioso”, pero no acepta el perdón de Nínive. Es un hombre que asegura adorar al Señor cuando precisamente está huyendo de Él. Hasta los marineros o los ninivitas, que sirven a los ídolos vanos, se muestran mucho más religiosos que él. Ese es Jonás: el que quiere morir por su árbol y se despreocupa por los ciento veinte mil ninivitas.

Para entender el mensaje

El libro de Jonás (“paloma”) es una parábola, una pequeña novela didáctica, en la que el humor y la ironía son claves fundamentales. La ficción narrativa incluye magistralmente elementos fantásticos, como el famoso gran pez que se traga al profeta.

El mensaje del libro es tan sencillo como esencial: el Dios de Israel es un Dios universalmente compasivo y misericordioso. Este Dios bondadoso y paciente con todos envía a Jonás a predicar a la ciudad símbolo de la opresión y de la violencia: Nínive, la antigua capital asiria, que no representa sin más al mundo pagano, sino al enemigo personificado de Israel y a los opresores de todos los tiempos. La enseñanza final del libro incluye, pues, dos aspectos:

  1. A los ninivitas les corresponde convertirse de su mal comportamiento, y así lo hacen;
  2. A Jonás, representante de Israel, le corresponde aceptar que Dios perdone a su enemigo, y esto es lo que resulta inaudito en Dios e inaceptable en el recalcitrante Jonás.

De esta forma, la narración de Jonás trata de contrarrestrar una tendencia exclusivista muy arraigada en el pueblo de Israel, especialmente en la época que siguió al exilio en Babilonia. Jonás y los suyos pretenden un mundo en el que los buenos y los malos estén perfectamente identificados: evidentemente, el bien pertenece a Israel, mientras que el mal está encarnado en todos los demás pueblos.

Al Señor no le queda sino adaptarse y conformarse con este esquema. A algunos israelitas les parecía absurdo que Dios ame a otros pueblos, sobre todo si se trata del enemigo; por eso Jonás, olvidando que él mismo había desobedecido al Señor, se enrabieta de manera infantil cuando la misericordia de Dios prevalece. El relato indica precisamente la dirección contraria: los ninivitas, que no forman parte del pueblo de Israel, acogen la predicación del profeta, se convierten y son perdonados.

Comentario

No es extraño que Jonás considere indignante ir a predicar el perdón de Dios al eterno enemigo: es peligroso, no se lo merecen, no escucharán, se burlarán de él… Y huye.

También tú has recibido el mismo mandato del Señor Jesús: llevar el Evangelio “a todos los pueblos”, “al mundo entero, a toda la creación”, “hasta el confín de la tierra”. La Nueva Evangelización nos pide anunciar a Jesucristo aun en los ambientes que creemos más alejados de Dios o incluso contrarios a Dios. ¿Dónde crees que está hoy “Nínive”?

Fuente: Editorial Verbo Divino