El Espíritu Santo (kerygma2017)

El Espíritu Santo: El don de Dios

¿Quién es el Espíritu Santo?

Es el consolador, el paráclito, el abogado. No es algo o una fuerza, es una persona y te ama. Se acerca a nuestro lado para guiarnos hacia Jesús.

El Espíritu Santo ha estado actuando desde la misma creación del mundo. Transforma el caos en cosmos, el desorden en orden, la confusión en armonía, lo deforme en belleza, y lo viejo en algo nuevo. El Espíritu de Dios se cernía, en espera de hacer cosas nuevas; hoy espera hacer cosas nuevas en nuestras vidas (Génesis 1:1-2). También da vida a los seres humanos (Génesis 2:7). Así, tal y como Dios dio vida física a los seres humanos soplando en ellos su aliento; del mismo modo les da vida espiritual soplando en ellos el Espíritu de Dios. Jesús también sopló sobre sus discípulos y dijo: “Recibid el Espíritu Santo”.

En el Antiguo Testamento el Espíritu vino sobre personas concretas, en momentos determinados y para tareas particulares:

  • Sobre Besalel para el trabajo artístico (Éxodo 31:1-5)
  • Sobre Gedeón para el liderazgo (Jueces 6:14.34)
  • Sobre Sansón dándole poder y fuerza (Jueces 15:14)

Dios hace una “promesa”: Pondré mi ley en su interior y la escribiré en su corazón (Jeremías 31:33-34). ¿Cómo lo hace? “Os daré un nuevo corazón y derramaré un espíritu nuevo en medio de vosotros; os arrancaré del cuerpo el corazón de piedra y os daré un corazón de carne” (Ezequiel 36:26). ¿Para quién es esta promesa? Para todo ser humano (Joel 3:1-2).

Toda persona relacionada con el nacimiento de Jesús se llenó del Espíritu Santo:

  • Juan el Bautista (Lucas 1:15)
  • María (Lucas 1:35)
  • Isabel (Lucas 1:41)
  • Zacarías (Lucas 1:67)

Juan el Bautista es el primero que relaciona la promesa con Jesús, diciendo que Él bautizará con Espíritu Santo (Lucas 3:16). El Espíritu Santo desea empaparnos, inundarnos, llenarnos. Jesús mismo estaba totalmente lleno del Espíritu Santo (Lucas 3:22; 4:1.14.18).

En todo corazón humano hay una sed espiritual, y Jesús dice: “Si alguien tiene sed que venga a mí y beba el que cree en mí.  La Escritura dice que de sus entrañas brotarán ríos de agua viva” (Juan 7:37-38). Dice: «No sólo saciaré tu sed espiritual, sino que serás entonces fuente de bendición, fuente de vida».

Esperaron la promesa (Hechos 1:4-5.8) hasta que: “De pronto, un estruendo que procedía del cielo y avanzaba como un huracán invadió la casa en que estaban congregados. Vieron luego una especie de lenguas de fuego que se repartían y se posaban sobre cada uno de ellos. El Espíritu Santo los llenó a todos, y enseguida se pusieron a hablar en distintos idiomas según el Espíritu Santo les concedía expresarse.” (Hechos 2:2-4).

En Hechos 2:37-39 podemos ver cómo la promesa del Padre, el don del Espíritu Santo, ya no es sólo para personas concretas, en momentos determinados y para tareas particulares; es para todos.

¿Qué hace el Espíritu Santo?

En Juan 3:3-8, vemos que Jesús dice que además del nacimiento físico, necesitamos un nuevo nacimiento espiritual. Lo que sucede cuando el Espíritu de Dios viene a vivir en un hombre o en una mujer es:

  • Nos hace hijos e hijas de Dios (Romanos 8:14-17)
  • El Espíritu nos ayuda a desarrollar esa relación (Efesios 2:18; Romanos 8:26)
  • El Espíritu crea el parecido familiar (2 Corintios 3:18; Gálatas 5:22-23)
  • Unidad en la familia (Efesios 4:3-6)
  • Dones para todos los hijos (1 Corintios 12:4-11)
  • Una familia en crecimiento (Hechos 1:8)

¿Cómo puedo llenarme del Espíritu Santo?

Cinco categorías de cómo las personas se llenan del Espíritu Santo:

  1. Los que están anhelando llenarse (Hechos 2:2-4)
  2. Los receptivos, abiertos a recibir (Hechos 8:26-39)
  3. Los hostiles (Hechos 8:1.3; 9:1-2)
  4. Los no informados (Hechos 19:1-6)
  5. Los improbables (Hechos 10:44-47)

Cuando se recibe el Espíritu Santo, se experimenta el poder de Dios: “… al darnos el Espíritu Santo, Dios nos ha inundado con su amor el corazón.” (Romanos 5:5). La acción suprema del Espíritu es derramar el amor de Dios en nuestros corazones, hacer que sintamos el amor que Dios nos tiene. Pedimos lo que pide el apóstol Pablo para los Efesios 3:14-19.

Hay tres barreras que nos impiden recibir:

  • La duda: «Si pido, ¿recibiré?» (Lucas 11:9-10)
  • El miedo: «¿Quiero recibir? ¿Y si me ocurre algo terrible?» (Lucas 11:11-13)
  • La indignidad: «Si pido, no voy a recibir, porque Dios sabe cómo soy y sabe que no lo merezco» (Lucas 11:13)

“El Espíritu y la novia claman: «¡Ven!»; y el que escucha, diga: «¡Ven!». Que venga también el sediento y, si lo desea, se le dará gratis agua de vida.” (Apocalipsis 22:17)

(Reunión: 9 de marzo de 2017)