El Amor al prójimo (FVC2017)

Jesús nos enseña los dos principales mandamientos: el primero “Amarás al Señor tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente”; y el segundo “Ama a tu prójimo como a ti mismo” (Mateo 22:34-40). De ahí la importancia inseparable de ambos (1 Juan 4:21; 5:1-2).

Al hacer vida sus discípulos este Mandamiento Nuevo nace la primera COMUNIDAD en la que este ideal del amor es una realidad y con ello se inicia la Iglesia, cuya misión es ser signo e instrumento de salvación para todos los hombres (Mateo 5:14-16).

EN QUÉ CONSISTE EL AMOR CRISTIANO

Existen conceptos distintos y hasta opuestos del amor. El verdadero problema no es tanto la falta de amor, que sí la hay, cuanto la forma en como los hombres entienden y expresan el amor.

1. Emociones y Compromiso

El hombre actual tiende a concebir el amor como un sentimiento. Pero este no es el punto de vista bíblico. Las emociones positivas son una gran ayuda, pero no son la realidad central en el amor.

El amor cristiano se basa en un compromiso o alianza. El amor cristiano ante todo se refiere a la voluntad y a la forma de actuar, más que a las emociones. Recordemos que “amar no es una emoción, es una decisión”.

De acuerdo con el mandato de Jesús, debemos tratar a los demás como nos tratamos a nosotros mismos, aún cuando no sintamos emociones o sentimientos (Mateo 22:39).

2. Tipos de Relaciones

Hoy hay una tendencia a pensar que el amor debe ser expresado de la misma manera en cualquier tipo de relación. La Biblia nos muestra que una apropiada expresión del amor cristiano difiere de acuerdo con el tipo de relación que se mantiene con el otro. Recordemos que “porque la relación es distinta, la expresión de amor es distinta”.

Por esto, el Nuevo Testamento usa tres palabras distintas según el tipo de amor del que habla:

  • Utiliza el término “eros” cuando habla del atractivo de tipo físico y sexual
  • La palabra “filia” para la amistad, el amor fraternal, familiar o de hospitalidad
  • Y la palabra “ágape” para referirse al amor espiritual. Este es el amor divino, y es también el amor   personal basado en un compromiso o alianza

También distingue entre el amor a los hermanos en la fe y a los que no lo son. Esto no quiere decir que el amor cristiano deba ser excluyente. Los cristianos debemos amar a todos, pero “especialmente a la familia de la fe” (Gálatas 6:9-10).

3. El Ejemplo de Jesús

El Señor enseñó con su ejemplo cómo debía ser este amor (Juan 13:34). El rasgo más importante de su modo de ser era, y es, el amor. Toda su vida fue un ejemplo de amor práctico puesto al servicio de sus discípulos. Y Jesús les mandó amarse unos a otros como Él los había amado (Juan 13:4-17).

4. Una Aclaración

Aunque basado en una decisión y un compromiso, el amor cristiano no tiene por qué ser árido e impersonal. No hay que desechar los sentimientos positivos; es más, son deseables porque nos ayudan a amar, pero ellos no son en sí mismos el amor. Aún cuando estos sentimientos no estén presentes, el cristiano debe expresar amor de un modo que comunique afecto e interés por los demás.

IDEAS FALSAS SOBRE EL AMOR

1. Sentimientos negativos

En la relación diaria con los demás vamos a experimentar rechazo hacia alguna persona. Si vemos el amor como algo puramente emocional, nos sentiremos culpables e incapaces de amar cristianamente cada vez que experimentemos estos sentimientos negativos.

La prueba de que amamos a otros se demuestra por la acción o la respuesta que damos, no por la emoción que sentimos. Recordemos que “casi nunca somos responsables de lo que sentimos, pero siempre seremos responsables de cómo respondemos”.

2. Sinceridad frente a hipocresía

El mundo predica que hay que ser sinceros con nosotros mismos y con los demás de modo que, si yo actúo, digo o respondo de modo contrario a lo que siento, me siento hipócrita. Esta idea es un obstáculo para aquellos cristianos que comienzan a poner en práctica el amor sin “sentir” amor.

Al amparo de este principio vemos como en el mundo las personas “muy sinceras” dicen y hacen cosas que hieren y destrozan a los demás sin un ápice de caridad cristiana. Los cristianos debemos actuar de acuerdo a la ley del amor, sintamos o no emociones. Lo que importa es actuar de acuerdo con la voluntad de Dios.

3. Amor caprichoso

A veces las personas que luchan por cambiar sus sentimientos negativos hacia alguien fracasan en su intento y llegan a la conclusión de que el amor es algo “caprichoso” que está más allá de una decisión personal.

Esto es mentira. Dios nos ha dado el poder de amar a todos los hombres. Nosotros no siempre sentiremos afecto hacia toda la gente, pero sí podemos amarlos a todos.

4. Imposibilidad de amar a todos

Otro obstáculo para el amor cristiano es la pregunta de: “¿Cómo es posible poder llegar a amar a todos?”.

De nuevo la raíz del problema está en la falsa asociación del amor cristiano con las emociones. Necesitamos entender que sí es posible establecer un compromiso, o lazo de amor, con muchos otros cristianos, aunque nunca lleguemos a tener amistad íntima con todos.

CONCLUSIÓN

Muchos pensamos esto: amar como cristianos es muy difícil. Y no sólo es difícil, es totalmente IMPOSIBLE si tratamos de hacerlo apoyados únicamente en nuestra fuerza de voluntad. Sólo el Espíritu Santo puede darnos el poder para vivir de acuerdo con esta decisión (Lucas 11:13). El amor al prójimo debe emanar del amor de Dios en nosotros.

Pero también se necesita de mucha sabiduría para aprender a expresar nuestro amor de una manera correcta, para ello hay mucha sabiduría práctica mediante la enseñanza y, a través del compartir.

De esta manera, ponemos en acción el Mandamiento Nuevo del Amor, nos edificamos mutuamente como cuerpo y, también, damos testimonio a los demás para que el mundo crea y caiga rendido a los pies de Cristo.

(Reunión: 18 de mayo de 2017)


CITAS BÍBLICAS USADAS EN LA CHARLA

Mateo 22:34-40; 1 Juan 4,21; 5,1-2; Juan 13:34-35; Mateo 5:14-16; Hechos 2,43-47; Mateo 22:39; Gálatas 6:9-10; Juan 13:34; Marcos 1:29-31; Lucas 22:31-32; 54-62; Juan 13:4-17; Juan 15:13-14; 1 Juan 4,16; Juan 13:1; Juan 13:4-17; Lucas 11:13

Fuente: La Palabra de Dios (Ann Arbor, Michigan)