Dios incomparable (12/2016)

Hoy nos acercamos al libro de los Jueces, concretamente a un personaje llamado Gedeón, para tratar de descubrir la manera tan asombrosa en que Dios puede actuar en nosotros y por medio nuestro para el bien de los demás.

Nos encontramos en un momento histórico situado entre la llegada del pueblo de Israel a la Tierra Prometida y la monarquía. Los israelitas están disfrutando del don de la tierra y cuando parece que las cosas van bien se alejan del Señor; entonces comienzan las dificultades y sufren las consecuencias de la expansión de los madianitas:

“Invadían el país y lo saqueaban, quedando Israel reducido a una gran miseria por causa de Madián […] Esto dice el Señor, Dios de Israel: Yo os hice subir de Egipto, os saqué de la casa de la esclavitud. Os libré de la mano de los egipcios y de todos los que os oprimían […] y os dije: Yo soy el Señor, vuestro Dios. No veneréis a los dioses de los amorreos, en cuya tierra habitáis: pero no habéis escuchado mi voz.” (Jueces 6:5-6.8-10)

Comienzan a clamar a Dios cuando ven que las cosas se complican y empiezan a torcerse (Jueces 6:7). Dios responde y llama a Gedeón, el más pequeño de su casa que pertenece al clan más pobre de su tribu (Jueces 6:12.15).

“El Señor le respondió: Yo estaré contigo y derrotarás a Madián.” (Jueces 6:16)

Las personas tenemos nuestros planes y nuestra manera de razonar ante las dificultades cuando se trata de encontrar soluciones; sin embargo, la manera en que Dios actúa siempre nos sorprende y nos hace entender que sus caminos y sus planes están muy por encima de los nuestros (cf. Isaías 55:8).

Gedeón quiere plantar cara al enemigo con todo lo mejor que considera que posee, y es por ello que convoca a 32.000 hombres para su campaña contra los madianitas. Pero Dios tiene otros planes y finalmente, con tan solo 300 hombres, Él dará la victoria a su pueblo (Jueces 7:2-7).

Nuestra forma de razonar nos llevaría a pensar que al ser tan pocos, al menos, se presentarían bien equipados para poder hacer frente al enemigo en el campo de batalla. De nuevo, la manera en que Dios actúa nos sorprende y nos ayuda a entender que la gloria y el mérito solo le pertenece a Él y no a nosotros.

“Gedeón dividió a los trescientos hombres en tres cuerpos. Les dio a cada uno una trompeta de guerra y un cántaro vacío, con una antorcha dentro de cada cántaro.” (Jueces 7:16)

El cántaro vacío representa nuestra vida y nuestro barro con su debilidad; la antorcha representa la llama del Espíritu Santo y la fuerza de Dios que actúa en nuestra pobreza; y la trompeta representa la proclamación y el anuncio de la verdad. El texto bíblico nos dice que deben esperar el tiempo de Dios para actuar, la medianoche.

De esta manera sucedió la victoria de los israelitas contra los madianitas. Es verdad que muchas veces nos parece que no tiene sentido la manera en que Dios hace las cosas; no lo entendemos porque tratamos de procesarlo todo a través de nuestra manera de pensar y razonar.

Estamos invitados a vivir una Navidad diferente, tratando de descubrir en ella la manera tan asombrosa de llevar a cabo Dios su propósito de amor en favor de la humanidad. Siendo Dios, se hizo hombre; siendo rico, se hizo pobre para enriquecernos a nosotros (cf. 2 Corintios 8:9). ¡Dios incomparable!

(Reunión: 22 de diciembre de 2016)