Cristianismo, ¿aburrido, falso e irrelevante? (12/2016)

Hay personas que piensan que el cristianismo es algo aburrido, para gente mayor y además algo que no aporta nada. Tienen la impresión de ser algo monótono y poco atractivo.

También hay personas que consideran que el cristianismo es falso, un invento, algo que no se puede entender. Muchos que se consideran ateos, creen que la fe en Dios y el cristianismo ha sido un invento para evadirse de la realidad. Otros piensan que la fe es incompatible con la ciencia.

Otros consideran el cristianismo irrelevante para sus vidas. No pueden entender cómo algo que había ocurrido hace más de 2000 años y a más de 3000 kilómetros de distancia, podría tener alguna importancia en su vida presente. “¿Cómo alguien que nació y vivió en un lugar tan insignificante de Oriente Próximo puede ser relevante para mí?”, se preguntaba un joven.

Echando la vista atrás, yo mismo también pensaba en un tiempo de esta manera. Ahora me doy cuenta que nunca había prestado atención y que era un gran ignorante del cristianismo; como mucha gente hoy, que no sabe gran cosa de Jesucristo o de lo que Él hizo. Además de ser un gran ignorante respecto a la fe cristiana, también sentía que algo le faltaba a mi vida…

Un gran escritor llamado Bernard Levin, escribió un artículo titulado “La gran adivinanza de la vida y la falta de tiempo para hallar la solución”. Él decía que, a pesar de su gran éxito, tenía miedo de haber desperdiciado su vida sin encontrar el auténtico sentido y propósito por el que vivir. En una ocasión se llegó a preguntar: “¿Tengo tiempo para descubrir por qué nací antes de morir?” Este hombre dejó claro que él no era cristiano ni creyente, pero era consciente de la insuficiencia de sus respuestas sobre el sentido de la vida. Decía que miraba a las personas y veía gente con una vida de desesperación callada, o a veces ruidosa, en la que lo único que comprende es el gran vacío que hay en su interior, un vacío que duele.

Hay alguien en la historia de la humanidad que afirmó ser el único capaz de satisfacer el hambre de algo más que hay en el corazón humano. Jesucristo dijo:

“Yo soy el camino, la verdad y la vida.” (Juan 14:6)

Las implicaciones de esta afirmación eran tan provocativas y llamativas en el siglo I como lo son en el siglo XXI. ¿Por qué?

En primer lugar, Jesús da dirección a un mundo que camina perdido y sin rumbo fijo; Él dijo: “Yo soy el camino”. Todos nos preguntamos alguna vez en la vida, de una u otra manera: ¿qué hago aquí en la tierra? ¿cuál es el propósito de la vida? ¿hacia dónde nos dirigimos? Esto demuestra que el ser humano ha sido creado con hambre de propósito y significado.

Freddie Mercury, el vocalista del grupo de música Queen, que murió en 1991, escribió en una de sus últimas canciones: “¿Alguien sabe para qué vivimos?” A pesar de haber amasado una gran fortuna y de haber atraído a miles y miles de fans, este hombre reconoció en una entrevista, poco antes de su muerte, que se sentía desesperadamente solo. Afirmó que había conseguido lo que cualquier persona de este mundo puede llegar a soñar con tener; sin embargo, nada de eso le había permitido tener lo único que todos necesitamos: una relación de amor duradera.

Cuando las personas comenzamos una relación con Dios, el propósito y el sentido de la vida se perciben con mayor claridad. Vemos cosas que antes nunca habíamos visto y entonces empezamos a entender por qué fuimos creados y para qué vivimos.

En segundo lugar, Jesús aporta certeza a un mundo confundido; Él dijo: “Yo soy la verdad”. Se estaba refiriendo a algo más que a la verdad intelectual, se refería al conocimiento personal de alguien que encarna esa verdad. El concepto hebreo de “verdad” se refiere a la realidad experimentada. Para comprender este concepto de verdad, es preciso hacer una distinción entre el conocimiento intelectual y el personal, entre la mente y el corazón.

Hay gente que dice: “No importa lo que creas, siempre que seas sincero”. Pero entonces es posible estar sinceramente equivocado. Hitler estaba sinceramente equivocado y sus creencias destruyeron la vida de millones de personas. Lo que creemos importa, y mucho, porque determina cómo vivimos.

Me he encontrado con personas que también dicen: “el cristianismo es bueno para ti, pero no para mí”. Esta postura es ilógica, porque si el cristianismo es verdadero, es de una importancia vital para todos nosotros. C.S.Lewis dijo: “El cristianismo es una afirmación que, si es falsa, carece de importancia, pero si es verdadera, tiene una importancia infinita. Lo único que no puede ser es moderadamente importante”.

Entonces, la pregunta es: ¿el cristianismo es verdad? ¿Hay alguna prueba que sostenga la afirmación de Jesús en la que declara ser “la verdad”? La mayoría de la gente no se ha dado cuenta de lo mucho que han influido en el curso de la historia personajes que creyeron que Jesús era, efectivamente, “la verdad”. Algunos de los filósofos más destacados de Occidente como Tomás de Aquino, Descartes, Pascal, Kant eran creyentes activos. Pioneros en el mundo de la ciencia como Galileo, Copérnico, Newton, Pasteur fueron cristianos.

En tercer lugar, Jesús trae luz a un mundo en tinieblas; Él dijo: “Yo soy la vida”. Ya sabemos que hemos sido creados a imagen y semejanza de Dios, y en consecuencia, hay algo noble en todo ser humano. Antes de mi conversión, yo pensaba que era buena persona, porque no robaba bancos ni cometía crímenes graves. Cuando comencé a configurar mi vida con Jesucristo, empecé a darme cuenta de lo equivocado que estaba.

Todos necesitamos perdón. Y es algo que solo podemos encontrar en Cristo. Él fue llevado a la cruz por nosotros y murió para liberarnos de todo lo hemos hecho mal en nuestra vida, para darnos libertad y experimentar de esta manera que solo en Él está la vida en plenitud, la vida de verdad. Jesús no solo murió por nosotros, sino que también resucitó de entre los muertos por nosotros. Así derrotó a la muerte para darnos vida eterna, vida plena; una vida que comienza ya aquí.

 

Entonces, ¿qué es el cristianismo en realidad?

La auténtica respuesta nos la da el propio Jesús:

“Yo he venido para que tengáis vida y la tengáis en abundancia.” (Juan 10:10)

Esta es la respuesta verdadera, plena y total: el cristianismo es vida, una vida nueva y una vida abundante. Por eso nos ha dicho Jesús: “Al que tenga sed, yo le daré gratis de la fuente del agua de la vida” (Apocalipsis 22:17). Para esto vino Jesucristo, para que tengamos una vida de verdad.

La Biblia le llama “don” a esta vida, como lo podemos leer en el capítulo de Jesús con la samaritana (Juan 4:10): “Si conocieras el don de Dios”; es decir, si supieras lo que Dios tiene para ti. Y esto nos lo dice también hoy a nosotros: si conociéramos el don de Dios, la vida que Dios tiene para cada uno de nosotros. San Pablo tradujo esta palabra, don, con el vocablo griego xapis que se traduce como “gracia” y que significa regalo, don, algo gratuito.

Lo esencial de este don de Dios es que está constituido por Alguien, por el Espíritu Santo. Con este don que recibimos tenemos la vida de Dios, el Espíritu de Jesús Resucitado; es decir, la vida que jamás muere. Las características de este don, de la vida de Dios en nosotros, son las siguientes: gratuito, sobrenatural y permanente.

Parece que no se trata precisamente de algo aburrido; consiste en vivir la vida al máximo. Parece que no se trata de algo falso; precisamente es la verdad. Parece que no se trata precisamente de algo irrelevante; transforma nuestras vidas completamente.

(Reunión: 1 de diciembre de 2016)